Historias nuestras: Fernando Montenegro

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UN TESTIMONIO FUNDAMENTAL SOBRE LA HISTORIA DE ATSS

Varias y varios compañeros nos lo señalaron: para historiar sobre el Área Social de ATSS hay que entrevistar al compañero Fernando Montenegro. Y así lo hicimos. Concretamos la entrevista con Fernando y obtuvimos un conjunto amplio y valioso de testimonios escasamente recordados acerca de los orígenes, luchas y conquistas del crecimiento social de nuestro sindicato. Desde las dunas y pastizales de Guazuvirá hasta el calor del Hogar Estudiantil, Fernando aportó un relato que atraviesa décadas de militancia, solidaridad y momentos tensos que fraguaron esta realidad.

Tenemos muy presente que la historia de un sindicato se escribe con actas y hasta imágenes de asambleas, convenios colectivos y jornadas de movilización y lucha. Pero también se graba a fuego en la memoria colectiva a través de la obra concreta, de los espacios conquistados para el descanso y el estudio, de las batallas cotidianas por la dignidad.

 

En el marco de los 40 años de la ATSS, el Equipo de Prensa y Propaganda ha realizado múltiples entrevistas y hoy sumamos la voz de Fernando, que emerge no solo como la de un testigo privilegiado, sino como la de un protagonista que, con sus manos y su convicción, ayudó a levantar dos pilares fundamentales de la identidad gremial: la Colonia de Vacaciones y el Hogar Estudiantil.

 

En esta entrevista Fernando desgrana con lujo de detalles –y una sinceridad que agradecemos especialmente– la verdadera epopeya que fue la construcción de nuestra Colonia en Guazuvirá, la delicada arquitectura humana del Hogar, los por momentos casi naturales diferendos internos y los encontronazos con otros gremios presentes en la zona.

 

Lo que sigue es la parte medular de una larga entrevista y es, también, una crónica de un accionar militante que, pese a desencuentros y desgastes, deja un legado material y afectivo imborrable. Finalmente, una organización social, un sindicato, no se edifica solamente en base a unanimidades. La sana diferencia suma, potencia y permite, como en nuestro caso, crecer.

 

LOS CIMIENTOS: UN LLAMADO Y UN TERRENO CON MAGIA

Equipo de Prensa y Propaganda (EPyP): Fernando, contanos como te integraste a la vida sindical en ATSS. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos de esos tiempos?

Fernando Montenegro (FM): Fue a partir de una invitación personal que marcaría el rumbo militante de mis siguientes quince años. Mi acercamiento al sindicato fue, en buena medida, de la mano de Aníbal Blanco que en ese tiempo estaba al frente de lo que se llamaba la Comisión del Área Social. Aníbal había entendido que se precisaba a alguien con conocimientos de arquitectura, que estuviese en el rubro y por mi cargo me fue a buscar, me llamó.

 

Este dato no es menor. Fernando llegaba con un saber técnico específico que sería crucial, pero también con una mochila de experiencia política universitaria en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Su vínculo formal con el joven sindicato del BPS había comenzado al hacerse presente en el acta fundacional, pero no pudo firmarla. «No firmé porque en ese momento era becario. Y no nos olvidemos que a los becarios nos habían dicho específicamente que si hacíamos paros o si nos adheríamos al sindicato, nos echaban».

 

Su ingreso efectivo se produce alrededor de 1990, incorporándose al trabajo en un proyecto incipiente que parecía más un sueño que una realidad: la Colonia de Vacaciones del sindicato en Guazuvirá. «Se había conseguido ya el predio, una parte, no el tamaño que tiene actualmente, sino que era más chico», aclara. La elección de ese rincón del departamento de Canelones no fue burocrática ni aleatoria; fue sentimental, casi romántica. «Había un grupo de compañeros que tenían la costumbre de ir a acampar a Guazuvirá. era un lugar que ya en ese entonces tenía su magia, su encanto, para poder estar ahí».

 

Esa fascinación con el paisaje se transformó en un accionar sindical concreto gracias a la gestión y a la peculiar dinámica política de la época. Se iniciaron trámites ante la Intendencia de Canelones. «Conjuntamente con la solicitud que hizo ATSS, entró también una de los funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas. Entonces, como había dos sindicatos que estaban pidiendo, hubo muchos compañeros de Canelones que también hicieron gestiones frente a la Intendencia». El resultado fue la concesión de dos parcelas iguales, una para cada gremio. «Primero era una porción de terreno como el que tiene Economía y después nos dieron toda la parte de abajo. La parte original que nos habían otorgado es donde está el salón, la parte alta del terreno, y después nos cedieron la otra parte que está donde se hicieron las primeras baterías de baños».

 

Era un proyecto ya en marcha. La primera tarea de Fernando fue, junto a un arquitecto recién restituido, evaluar el terreno. «Fuimos a conocer el terreno, que era muy agreste, pero tenía gran potencial». El potencial estaba allí, pero también el enorme desafío. Había que planificar no solamente la obra, sino también el financiamiento. La solución fue ingeniosa y habla de una militancia dispuesta a priorizar la obra social: «La cuota se dividía, la mitad era para el Área Social, la otra mitad era para los gastos de funcionamiento del sindicato». Esta decisión, que luego se formalizaría en rubros separados en el recibo de sueldo, demostraba un compromiso colectivo con la construcción de un patrimonio social en común.

 

UNA PRIMERA CRISIS EN LA CONDUCCIÓN SINDICAL

EPyP. Nos contabas que también a partir de un hecho casi fortuito pasaste de colaborar a ser responsable del Área Social…

FM: Si, fue asi. Luego de las elecciones de 1990, en las que no había integrado ninguna lista, comencé a militar con más fuerza. Pero en 1991, Aníbal Blanco y otros compañeros del Área Social renunciaron a la directiva por diferencias con la agrupación que en ese momento gobernaba el sindicato. Aníbal renuncia y se van otros compañeros, y en definitiva me termino quedando yo al frente. La situación era un poco especial: no podía asumir como directivo porque no había sido electo, pero en los hechos todos reconocían mi lugar al frente del Área Social. Para regularizar la situación, el área quedó bajo la órbita de la Secretaría de Cultura, que en ese momento estaba en manos de una agrupación opositora. Eso me obligaba a negociar permanentemente con quien era el Secretario de Cultura, en ese momento, Zelmar Piazza.

 

Así, entre 1991 y 1992, Fernando se convirtió en un nexo forzoso entre dos agrupaciones históricamente enfrentadas en torno a un proyecto común. Esta experiencia temprana de tener que negociar y construir puentes para el bien del proyecto social marcaría su estilo.

 

EPyP: ¿Y cómo se pudo terminar de saldar esta situación?

FM: Finalmente, asumí como directivo titular en 1992, y estuve durante un período de entre ocho y diez años de gestión continua, aunque después alternaría como suplente. El periodo en que fue el presidente Mario Argenta, él me pidió si no podía ser su primer suplente, entonces, no estuve como directivo, pero sí alterné mucho en varias reuniones de la directiva. Mi participación activa se extendería, con algunos intervalos, hasta alrededor del 2002, año del festejo de los 15 años del Hogar Estudiantil.

 

A GUAZUVIRÁ, CON MUCHO DINERO EN EL BOLSILLO Y LA TRANQUILIDAD QUE DA LA CONFIANZA TOTAL DE LOS COMPAÑEROS

Con el terreno asignado y el proyecto arquitectónico definido –obra de un estudio joven que diseñó el característico salón con techo alto y las primeras cabañas–, a mediados de los 90 llegó el momento de la verdad: la construcción.

 

EPyP: Había terreno y había proyecto. Había que empezar a construir, pero nos imaginamos que no debe haber sido todo muy sencillo, especialmente para una organización que no tenía experiencia, que siempre había tenido un local propio.

FM: Ya lo creo que no fue sencillo. La experiencia comenzó con un revés. La empresa que ganó la licitación abandonó la obra y nos dejó tirados. Fue entonces cuando en el marco de la Comisión de Obras, que integrábamos con los compañeros Raúl Rodríguez y Constante Mendiondo, tomamos la decisión audaz de continuar por el mecanismo de administración y ejecución directa.

 

Aquí comienza un relato que parece sacado de una época distinta, donde la confianza interpersonal y el riesgo asumido personalmente eran la norma. Cuenta Fernando: «formamos una planilla, trajimos un grupo de obreros que eran conocidos del Tani Mendiondo, y nosotros les pagábamos quincenalmente el salario». Y entonces describe una escena que hoy resulta inconcebible: “viernes de por medio me tenía que ir para Guazuvirá con la plata en el bolsillo, con la plata para pagarles la quincena, que era una fortuna. Yo llevaba la plata esa y me iba desde acá manejando un auto que algunas veces era de alquiler, porque yo en ese momento tenía moto, y se imaginan que en la moto era demasiado riesgo».

 

El nivel de confianza que la directiva depositaba en él y en los responsables de la Comisión de Obras era absoluto y se manifestaba en los hechos más concretos. “Yo sentía la responsabilidad de cumplir con la confianza que tenían conmigo. En ese momento le decía a Patricia Césari, compañera secretaria de Finanzas, que tenía que pagar, como si te dijera ahora, más de 250.000 pesos de salarios el viernes y ella me respondía, “bueno, bárbaro”, y me hacía un cheque. En total confianza, yo me llevaba el cheque y a cambio le traía los recibos de sueldo, todos firmados por ese monto. Con el tiempo, para mitigar el riesgo físico, se acordó con el capataz el pago mediante un solo cheque, que él luego distribuía, porque realmente era un riesgo andar con todo ese dinero, regularmente, semana a semana”.

 

EPyP: Montar toda esa logística semana a semana puede generar una carga de estrés muy importante. ¿Te pasó algo de eso?

FM: Si, eso pasó. En verdad me generaba un estrés muy grande en ese momento, porque, claro, manejaba, recibía y pagaba mucha plata. Pero el apoyo colectivo era tan grande que en el momento te gana el entusiasmo por sobre lo otro. Ese entusiasmo era generalizado dentro del sindicato, porque era algo que ATSS lo tenía como un objetivo, contar con nuestra propia Colonia de Vacaciones. Entonces, bueno, le metíamos, estábamos todo el día metidos en el tema. La solidaridad de otros sindicatos fue otro pilar clave. Para resolver trámites en UTE o con la Intendencia de Canelones, se activaban redes de contacto. Con los compañeros nuestros de Canelones, en ese momento, había que sacarse el sombrero, llamabas a la sucursal Canelones y les decías, “miren, estamos viendo tal cosa” y los compañeros enseguida te respondían: “ya hablamos con el secretario general de la Intendencia, ya está solucionado, nos mandan las máquinas enseguida». Era una forma de hacer política sindical basada en la confianza y el compañerismo, muy lejana del mero trámite burocrático impersonal.

 

LA INAUGURACIÓN DE LA COLONIA DE VACACIONES Y UN CONFLICTO INESPERADO CON LOS COMPAÑEROS CANILLITAS

La inauguración de la primera etapa fue «tremenda», un muy merecido festejo por un «esfuerzo titánico de todos», rememora Fernando y se le ilumina el rostro. Y sigue, entusiasta: “Raúl Rodríguez, a pesar de haberse distanciado temporalmente de la Comisión por diferencias en algunas decisiones, volvió para ser el parrillero de un asado legendario. “Nunca vi nada igual porque éramos entre 50 y 60 personas, él hizo un semejante asado, una cosa que yo nunca había visto nada igual y venía cada uno y Raúl le preguntaba: ¿Cómo te gusta, a punto, jugoso, cocido? Tenía para todos los gustos».

 

Enseguida de la celebración se equiparon las primeras cuatro cabañas y su alquiler fue adjudicado por sorteo, iniciando la vida útil de la colonia y una tradición que año a año renovamos, sorteando a mediados de noviembre el uso de todas ellas durante lo que llamamos la “temporada alta”, de diciembre hasta Turismo.

 

EPyP: Y a partir de allí, Fernando, ¿todo “fluyó” pacífica, normalmente?

FM: (se ríe con ganas) No, cuando ya estábamos más calmos porque todo iba saliendo bien, nos surgió un conflicto inesperado y con ribetes casi cinematográficos. El sindicato de Canillitas tenía un terreno lindero, pero su acceso solo era posible cruzando el predio de la ATSS. La tensión comenzó cuando los canillitas, necesitando demostrar obras para renovar su comodato con la Intendencia, pusieron dos postes con un cartel que decía “Colonia de Vacaciones de Canillitas” en la calle. Cuando tú ibas llegando hacia la colonia nuestra, pusieron ahí un cartel y llevaron al Intendente de su momento y le mostraron nuestra colonia». La idea les funcionó y consiguieron la renovación. Pero más adelante, el conflicto estalló cuando la maquinaria pesada de los canillitas, entrando a su terreno, destrozó el camino de nuestra colonia.

 

Ante eso, los compañeros de ATSS decidieron negarles el paso. “Y después tuvimos que afrontar, con Raúl, una “reunión” muy particular, en donde uno de los compañeros que custodiaba a la delegación de Canillitas sacó un arma y nos la mostró, ostentosamente. Fue todo entre tenso, tragicómico, impensable. Nosotros hablando con ellos y al lado unos custodios con armas en la cintura”, evoca Fernando.

 

La solución llegó en un escenario casi surrealista: una sesión formal de la directiva de los canillitas, a la que fueron citados Montenegro y Rodríguez. El relato que hace de ese ritual es diferente y ajeno a la cultura sindical de la ATSS. “Nos convocaron a una “sesión honorable” en la que se llevó adelante un protocolo que no era para nada con lo que pasaba en nuestras reuniones de consejos directivos. Entró el presidente del sindicato, todos ellos se pararon, el presidente entró, se sentó y en ese momento dió comienzo la sesión. Cuando fueron a votar, nadie levantaba la mano antes que el presidente levantara la mano. Si el presidente levantaba la mano, ahí levantaban la mano todos y por supuesto, en acuerdo con el presidente».

 

Ante esta asamblea tan particular, nuestros compañeros expusieron el reclamo de ATSS. La directiva canillita, de manera «solemne», resolvió hacerse cargo del costo de los arreglos que había que hacer en nuestras instalaciones, arreglos que, anecdóticamente, finalmente realizaron con maquinaria de la Intendencia y el Ejército, construyendo además su propio camino de acceso para no depender más del predio de la ATSS.

 

EL OTRO GRAN OBJETIVO DEL ÁREA SOCIAL: EL HOGAR ESTUDIANTIL Y LA FAMILIA SINDICAL

Si la Colonia fue una obra faraónica de construcción material, el Hogar Estudiantil –creado en 1987, antes de su llegada al Área Social– representó para Fernando un desafío de construcción humana y organizativa aún más profundo. «El hogar es un gran amor de mi vida. Le dediqué muchas horas al hogar», afirma sin vueltas.

 

Al hacerse cargo, tras la renuncia de Aníbal Blanco, se encontró con una realidad donde el cariño y la contención estaban presentes, pero la estructura no. «Los reglamentos no existían, y nos abocamos a crear el primer “Reglamento del Hogar Estudiantil”, así como también el reglamento de convivencia, el reglamento de faltas, o sea, me puse muy reglamentarista, la verdad». Su contraparte perfecta en esta tarea fue Teresita Cúneo, histórica encargada del Hogar, a quien define como «una persona fantástica. Era la segunda madre de todos los gurises». Fernando explica que hubo un desencuentro inicial porque la dirección anterior esperaba de Teresita un rol más «rector» o controlador, lo que no era su fortaleza. «A ella lo que le iba era eso de ser como la madre, la que los contenía, la que los abrazaba cuando lloraban, la que estaban ahí cuando perdían un examen, la que estaban ahí cuando tenían alguna mala noticia desde la casa. Y para nosotros eso era también extremadamente valioso».

 

EPyP: ¿Y de que manera fueron resolviendo la necesidad de que alguien cumpliera es rol más “rector” en el Hogar?

FM: Lo empecé a cumplir yo mismo, a partir de mi rol como responsable del área. Para profesionalizar el apoyo a los jóvenes, ATSS contrató a una asistente social, Mariela Machín, y luego, por consejo de ella, a una psicóloga, Raquel Grandal. Así se instaló un equipo técnico y profesional muy bueno, que nos permitió estructurar muy adecuadamente el funcionamiento del Hogar, realizando asambleas periódicas, incluso con participación de los padres y logramos que el Hogar fuera considerado un «modelo». A través de BPS, que es el propietario del local, logramos que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas realizara reformas importantes, aunque con un poco de lentitud. Al punto tal fue ese tiempo transcurrido, que los chiquilines les hicieron una torta cuando las obras cumplieron un año. (Se ríe) Sí, para festejar el año que estaban los empleados ahí trabajando, trabajando ahí para hacer dos baterías de baños y la azotea, los gurises organizaron un festejo divertido.

 

Su compromiso con Teresita y el Hogar era también de orden personal y ético. En un retorno temporal alrededor de 2007, impulsó frente a una directiva reticente una mejora en sus condiciones. «Impulsamos que Teresita hiciera menos horario de trabajo, con una bonificación por los años de trabajo que ella tenía, que tuviera menos años de trabajo, menos horas de trabajo, ganando lo mismo. Increíblemente, tuve que discutirlo el tema acá, no fue un debate ni una decisión sencilla. Hubo que defender y analizar mucho la postura en la directiva porque había compañeros que no estaban de acuerdo, pero finalmente se accedió». Para Fernando era “una cuestión de coherencia: el sindicato no podía reclamar para los trabajadores públicos lo que negábamos a una empleada nuestra con décadas de servicio intachable”.

 

EL RECUERDO DE ALGUNOS DE LOS FESTEJOS Y LA EVOCACIÓN A TERESITA

En el diálogo, Fernando se detiene para contarnos de cómo vivió algunos de los festejos por aniversarios del Hogar, y se emociona al evocarlos. “El de los 10 años, en 1997, lo recuerdo como muy alegre, hasta por momentos les diría que con desbunde, sano, por supuesto. En 2002, cuando los 15 años del Hogar, recuerdo haber bailado un vals con Teresita y el de los 25 años en 2012 fue también muy lindo, muy alegre”.

 

Su vínculo con Teresita perduró hasta el final. «A Tere la fuimos a ver a Fray Bentos, donde residía ya jubilada, fuimos unos días antes de que falleciera, lo que nos permitió poder decir que la acompañamos hasta el final, luego de tantos años de muy linda vinculación entre todos nosotros”, culmina.

 

EL DESGASTE: ACUSACIONES, DESCONOCIMIENTO Y LA ÉTICA PERSONAL

A lo largo de toda la charla, Fernando no evita ningún tema ríspido y es, además, muy comprometido en sus respuestas. Llegado a este punto de la entrevista, nos quedó claro que su relación con el sindicato y diferentes autoridades no siempre fue un idilio.

 

EPyP: Fernando, nos quedó claro que no siempre fueron rosas en el camino. Y nos queda claro que lograr el Hogar y la Colonia no fueron producto de la casualidad, hubo entrega militante y en varios momentos alejamientos. ¿Qué paso contigo mismo luego de estos logros, qué fue de tu accionar militante en ATSS?

 

FM: Tras años de militancia, un progresivo y doloroso alejamiento se fue gestando. Las razones son múltiples y trataré de exponerlas sin pretensión de objetividad, sino aportando mi mirada al respecto. Primero, el desgaste físico y emocional de gestionar proyectos de semejante envergadura. Luego, y más profundamente, un cambio en la cultura interna que me hirió. Hubo como un desconocimiento a lo realizado. Hubo como una situación donde hubo algunas directivas, mejor dicho algunos integrantes de las sucesivas comisiones directivas pensaban, y te lo decían, que “no me importa lo que hiciste, no me importa si estuviste diez años militando con esto, acá llegué yo y esto lo hago yo de esta forma”. Algo como muy, demasiado refundacional, digamos. O sea, como que el sindicato arrancaba a partir de ese momento. Y eso me molestó bastante. Era la negación de la historia y el esfuerzo acumulado.

 

El golpe más bajo llegó con acusaciones infundadas de malversación. En su momento se me acusó de que yo me había llevado plata, que tenía una moto grande y que andaba en esa moto grande gracias a la plata del sindicato. Cosas por el estilo». El daño a mi honor y mi trayectoria fue reparado con datos concretos cuando la propia secretaria de finanzas de la época, Marita Rodríguez, nos informó que, a pedido de la entonces presidenta, se había realizado una auditoría externa. Marita vino y me dijo: “mirá Fernando, a pedido de la presidenta nosotros solicitamos una auditoría de todos los gastos de la Colonia de Vacaciones. Y te puedo asegurar que está todo absolutamente cristalino, están todos los comprobantes de todo y está todo perfectamente”. Yo estaba tranquilo, pero bueno, son situaciones que te generan como un cierto resquemor y te quemás».

 

Sin tapujos, Fernando identifica lo que, desde su óptica, fueron «periodos malos» en la vida del sindicato, asociados a ciertas presidencias. «Períodos en los que desapareció documentación, hay dos periodos bastante marcados, en los que se acomodó gente y  donde se pasaron por el moño resoluciones anteriores transparentes”. La pérdida de memoria institucional fue, para él, una consecuencia grave de esas gestiones.

 

Finalmente, una decisión ética personal marcó su alejamiento definitivo de la gestión del Hogar. Cuando comenzó una relación de pareja con una compañera que fue exbecaria del Hogar, Fernando consideró que había un conflicto de interés y actuó en consecuencia. «Entendí que no podía volver a la administración del Hogar cuando yo estaba viviendo con una ex becaria del mismo, que ya no formaba parte del Hogar, pero igual o me parecía no me pareció ético».

 

Un Legado de Piedra y Afecto

El relato de Fernando Montenegro es más que una crónica de hechos; es un mapa de los vaivenes de la militancia sindical, de la historia de una organización, que hoy es la nuestra pero puede ser otra, de otro signo o similar. Tiene la épica de la construcción contra viento y marea, la cálida humanidad del Hogar, la tensión del conflicto entre dos gremios de diferente naturaleza y los altos y bajos propios de un sindicato plural como lo es ATSS.

 

Sin embargo, el balance que emerge de las palabras de Fernando conforman un legado que él mismo califica de “imborrable”. “La Colonia de Vacaciones en Guazuvirá, con su salón tan especial, tan distintivo, se erige como un reconocimiento al esfuerzo colectivo. El Hogar Estudiantil, con cientos de jóvenes que vivieron y viven en sus habitaciones, es un testimonio vivo del papel social del sindicato”, nos expresa en el final de la entrevista.

 

La historia personal de Fernando, como la de todas y todos nuestros entrevistados, se entrelaza con la historia institucional de la ATSS, recordándonos que los grandes logros sindicales no son abstractos: se construyen con planos, cheques al portador, reuniones tensas, asados multitudinarios y, sobre todo, con una confianza a toda prueba que, en aquellos años fundacionales, era el cemento que unía a los compañeros.

 

«Llegó un momento en el que entendí que debía dejar lugar a nuevas y nuevos compañeros. Me acuerdo que pensé algo como esto: “bueno, que vengan nuevas generaciones, yo ya arranqué tempranito acá». Su testimonio, ahora grabado y editado, asegura que esa parte esencial de la historia de la ATSS –la de la obra social construida con las manos, el esfuerzo y el corazón de militantes– no caerá en el olvido. Es la piedra fundamental sobre la que seguimos construyendo.