Historias nuestras, Marita Rodríguez: “Esta historia continuada de lucha a favor de la gente ha encontrado siempre a ATSS en la primera fila”

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En 2025, ATSS cumplió 40 años. En ese marco, a lo largo de los meses, nuestro equipo de Prensa y Propaganda realizó un conjunto de acciones con el fin de rescatar, para la memoria colectiva, “historias” de nuestra organización.

La primera de esas entrevistas fue realizada a la compañera Marita Rodríguez, histórica militante, y dirigente, fundadora de ATSS. Con ella recorrimos muchos años de historia de nuestro sindicato. Destacó nuestros orígenes en la resistencia a la dictadura y la lucha por la amnistía; la batalla por dignificar condiciones laborales en el BPS; el compromiso profundo de los trabajadores con la seguridad social como derecho humano; la oposición temprana y constante a la reforma de 1996 y las AFAP, que cristalizó en el movimiento de los “cincuentones” y luego en la propuesta de plebiscito; y la participación en políticas públicas innovadoras, como el proyecto de prevención de adicciones.

 

Así, María Irma Rodríguez, Marita, pinta el perfil de un sindicato que, con sus momentos de alza y de baja, mantuvo una coherencia histórica en la defensa de la seguridad social solidaria y pública. Lo que sigue es un extracto de sus palabras.

Equipo de Prensa y Propaganda de ATSS (EPyP): Marita, sos afiliada a ATSS desde su fundación en 1984. ¿Qué recordás de aquellos tiempos iniciales en la vida del sindicato?

Marita Rodríguez (MR): Estamos hablando del año 1984, donde todavía estaba la dictadura, se estaban preparando las primeras elecciones nacionales con proscriptos. Lo recuerdo muy especialmente porque el sindicato se fundó el 24 de mayo, que yo no estuve ahí porque el día 23 de mayo había sido madre. O sea que el año 1984 me marca doblemente, me marca como inicio de la maternidad e inicio en la actividad sindical, porque además yo en esa época ni siquiera había votado nunca en elecciones nacionales. Fue un año muy trascendente para mi vida.

 

Marita nos cuenta que ingresó al Banco de Previsión Social (BPS) en 1977, bajo dictadura, donde incluso hablar entre compañeros más de diez minutos era motivo de represión. “Si hablábamos en el trabajo más de diez minutos, venía el jefe a llamarnos la atención, a ver qué estamos hablando, no podía haber reuniones, a eso ya se lo consideraba una subversión”. Describe un clima de vigilancia extrema y recuerda cómo, aún atendiendo público, intentaban ayudar más allá de lo estrictamente administrativo: “nosotros con otros compañeros, otras compañeras, habíamos hecho, por la nuestra, una guía de los juzgados de distintos lugares… donde podían acudir esas mujeres golpeadas… pero los jefes, si nos veían haciendo esa tarea, que no era propia del BPS, nos reprimían. A mí, por ejemplo, me tocaba en el hombro el jefe que tenía y me decía, recuerde que usted está de este lado del mostrador”.

 

La fundación del sindicato fue un acto de resistencia: “teníamos que hablar medio en secreto, en el baño, en los corredores, mirá que va a haber una asamblea”. Recuerda asambleas multitudinarias en el Platense Patín Club y la presión posterior de los gerentes, que hacían “listas negras” de quienes participaban en paros o movilizaciones. “Muchos compañeros que estaban de acuerdo con participar del sindicato, sucumbían a esas presiones y, bueno, no se sumaban, porque tenían miedo a las represalias, un miedo que era lógico, que era normal, porque pasamos, durante mucho tiempo, a pesar de que estábamos en democracia, pasamos por muchas presiones, muchas persecuciones disimuladas”. Relata también la presión para delatar compañeros. En ese momento te presionaban hasta para que delataras a una compañera o un compañero”.

 

EPyP: ¿Podemos decir que en esa primera etapa las reivindicaciones tenían que ver con la dignificación del trabajo?

MR: Totalmente, totalmente. Fueron eso y como reivindicación general, la amnistía general para los presos políticos, que eso se logró casi un año después, en marzo de 1985. Destaca como un hito el reintegro en marzo de 1985 del compañero Jorge Suárez, un compañero del Partido Comunista que volvió siendo “un esqueleto viviente”. “Hicimos una asamblea en el Platense Patín Club como homenaje al reintegro del compañero. A mí me impresionó, a todos los compañeros. El compañero no habló de su encierro, agradeció pero no habló de su encierro. Fue reintegrado, después estuvo en la parte informática, y también participó, por supuesto, del sindicato.”

 

En lo laboral, las condiciones eran “horribles” y se extendieron por muchos años. “Estamos hablando de problemas de asbesto que era contaminante en el segundo subsuelo del edificio nuevo, de humedades, de frío, de calor extremo, en verano estamos hablando de falta de oxígeno, de falta de sillas”. Describe el famoso “galpón” de la Caja de Asignaciones Familiares: “no teníamos calefacción, trabajábamos con sacos, con guantes sin dedos, con gorros… el uniforme era una túnica horrorosa”. El acoso jerárquico era constante y los funcionarios estaban expuestos a denuncias triviales del público, identificados con un cartel con su número y cargo “para que nos pudieran denunciar, porque ese era el objetivo, que nos denunciaran”.

 

Subraya que, pese a la diversidad política de los afiliados (colorados, blancos y frenteamplistas), en la lucha sindical había unidad: “a la hora de la reivindicación de los temas de los trabajadores, estábamos codo con codo, estábamos todos juntos en la lucha sindical, sí discutíamos mucho de los temas políticos, pero sabíamos dividir el corazoncito político de lo que era estrictamente la lucha sindical”.

 

EPyP: Es increíble el parecido, porque cuarenta años después hoy estamos reclamando por la ausencia de impresoras, de toner, de elementos básicos para trabajar.

MR: Totalmente, nosotros trabajábamos con máquinas de escribir, aquellas Remington, que a veces se trancaban. Usábamos papel carbónico para hacer las declaraciones juradas de la gente, el papel carbónico a veces no calcaba nada, y bueno teníamos esas carencias.

 

Nuestro diálogo nos lleva a fines de los 80 y la lucha por los jubilados. Marita recuerda el plebiscito de 1989, impulsado por ATSS, que logró con casi el 80% de los votos que las jubilaciones se ajustaran por el Índice Medio de Salarios (IMS). “Era realmente desastrosa la calidad de vida de los jubilados”, explica. Antes de la dictadura, “los trabajadores se jubilaban con el 100% de su salario y además cobraban aguinaldo. El Acto Institucional 9 le sacó el aguinaldo a los jubilados y se lo dejó solamente a los militares hasta el día de hoy. Además, fueron bajando lo que se llama la tasa de reemplazo. Y así en 1989 llegamos a que “ATSS impulsó para el colectivo, porque no era una reivindicación propia de sus trabajadores sino para toda la sociedad, el plebiscito de los jubilados”. En este sentido, recuerda como muchos años después, en 2021, por un decreto del presidente Lacalle, se modificó la forma de cálculo del IMS incluyendo salarios muy bajos, lo que en los hechos redujo su valor y afectó a jubilaciones y salarios. “ATSS estuvo muy activa, fue al Parlamento, a la Comisión de Seguridad Social, hizo varias movidas, pero no se pudo revertir esta decisión”.

 

EPyP: Volvamos unos cuantos años atrás. En 1996 se vota la ley 16.713 que crea las AFAP. ¿Cuál fue la actitud de ATSS en ese momento ante esta decisión tan regresiva para nuestra seguridad social?

MR: ATSS adoptó una resistencia activa desde su aprobación. “Recuerdo que para implementar la ley todos los funcionarios fuimos capacitados. ATSS tuvo una imponente participación en los cursos. Realmente le hicimos la vida imposible a los capacitadores, porque ante cada artículo que nos enseñaban que iba a pasar esto y lo otro, nosotros le cuestionábamos, le anteponíamos los principios de la seguridad social, les recordábamos que eso que nos planteaban estaba y está en contra del principio de la solidaridad. A veces hasta nos invitaban a irnos del curso”. Esa actitud “surgió espontáneamente de los trabajadores y después también, por supuesto, fue organizada por el sindicato”. El sindicato intentó llegar a la población para advertir sobre los riesgos del nuevo sistema, haciendo proyecciones “bastante lógicas y que después el tiempo demostró que estábamos acertados, pero la propaganda en los medios masivos de comunicación era gigantesca, prometían jubilaciones suntuosas y viajes a lugares paradisíacos”.

 

Marita profundiza en el relato. Recuerdo, por ejemplo que después que hicimos los cursos y hablábamos en contra, tratábamos de informar a todos los trabajadores que podíamos, a otros sindicatos, de lo malo que iban a hacer las AFAPS, sin tener, como dije, sin tener las pruebas que tenemos hoy. Iniciamos una recolección de firmas”, pero los trabajadores “fueron enamorándose de la propuesta de las AFAP porque realmente la propaganda era muy intensa, muy de que íbamos a tener dos jubilaciones, las dos iguales, se cuidaban mucho de no decir la verdad”.

 

También relata la participación constante, aunque a veces frustrante, en la Comisión de Seguridad Social del PIT-CNT: “ATSS siempre tuvo dificultades en la COSS del PIT-CNT, no nos escucharon como correspondía. Como que ATSS era el demonio, es una cosa paradójica porque éramos el sindicato de la seguridad social y sin embargo nunca tuvimos, no pretendíamos tener la verdad revelada, pero sí éramos el sindicato de la seguridad social”.

 

Recuerda acciones creativas de protesta: “participamos a principios de los años 2000 hasta en el Carnaval, con globos que decían no a las AFAPS, con comparsas que tenían camisetas, incluso en varias de ellas desfilaron algunos compañeros nuestros”.

 

La lucha tomó un nuevo impulso alrededor de 2012, 2013 con el movimiento de los “cincuentones”. Al pedir simulaciones de jubilación, miles de personas de esas edades descubrieron que cobrarían un 30% menos de lo esperado. “Fue como una catarata, empezaron a pedir cada una y cada uno su simulación a la AFAP, a todos nos daba horrible. Fue una bola de nieve, fue todo muy cómico, muy artesanal, por correo electrónico íbamos avisando a cada rincón del país”. Las AFAP empezaron a negar las simulaciones. “Teníamos que llamar telefónicamente, apelando al acceso público, a la información pública, para que nos dieran las simulaciones. Y así, poco a poco se empezó a formar el movimiento”.

 

Se organizaron actos, movilizaciones y una acción muy simbólica: “En la primera audiencia de conciliación que tuvimos en un juzgado en la calle Piedras, el Consejo Directivo Nacional (CDN) de ATSS se reunió allí mismo, todos los directivos, en el medio de la calle, con sillas, con todo, haciendo la reunión del CDN, por supuesto que obstruimos la circulación, vino la prensa, fue una buena actividad”.

 

Este proceso derivó en que en el Diálogo Social de 2016, donde ATSS ya planteó la necesidad de un plebiscito si no había soluciones. “Allí, ATSS presentó un documento para el Diálogo Social que está incluido en el proyecto actual de ATSS de reforma de la Seguridad Social, en el que anunciamos que si de este diálogo no salía una buena resolución, íbamos a convocar a la ciudadanía en un plebiscito de reforma constitucional. Está en los documentos de la época, allí ya hablamos de un plebiscito para eliminar las AFAP.”

 

Recalca con fuerza: “Por lo tanto, el plebiscito de 2024, proyecto que la mala prensa y algunos dirigentes políticos dicen que nació del PIT-CNT o del Frente Amplio, no, en realidad nació de ATSS. Y eso hay que tenerlo bien clarito”. Afirma que “desde el año 2003 hasta el presente todos los congresos del PIT-CNT, todos, sin excepción han definido programáticamente la eliminación de las AFAP”.

 

Marita enfatiza el espíritu de servicio que caracterizaba a los trabajadores del BPS: “todos los trabajadores del BPS teníamos y tenemos la camiseta puesta de la Seguridad Social. No éramos solamente un trabajador asalariado que obviamente íbamos por nuestro salario. Era como una realización personal, una conciencia superior”. Incluso lucharon, sin éxito, porque se les reconociera como “agentes de la Seguridad Social”. “El sindicato… peleó sin éxito porque nos pusieran una categoría de agente a los trabajadores de la Seguridad Social, por el nivel de compromiso que teníamos, por la capacitación que teníamos, porque nosotros éramos técnicos, porque teníamos que estudiar todas las leyes. Nunca tuvimos éxito en eso, nunca se nos reconoció esa calidad, no logramos más que decirnos administrativos, no era justo, no condice con la realidad”.

 

Ilustra este compromiso con una anécdota conmovedora. Atendiendo a un estibador cuya esposa embarazada no tenía derecho a asignación familiar porque él solo había trabajado un día en el mes, Marita revisó la ley y argumentó que ésta exigía “actividad mensual”, no un mínimo de días. “Se lo presenté a mi jefe, mi jefe me dice, esto no está previsto… hay que ir a Asesoría Jurídica, porque este trabajador tiene derecho, porque trabajó en el mes, un día, la ley no dice si tiene que trabajar diez, quince días. Y a raíz de esa consulta no solo ese trabajador tuvo derecho y su mujer se atendió por Asignaciones Familiares y cobró la prenatal, sino todos los trabajadores, los jornaleros, los estibadores, que eran extremadamente vulnerados”. “Como eso pasaba, estábamos atentos a ver cómo podíamos incluir, que vericueto le encontrábamos a la ley para poder extender las prestaciones a más gente. Eso lo hacíamos los funcionarios del BPS en la cotidiana, silenciosamente, calladamente, pero después eso se tomaba de parte del sindicato y se peleaba por esos trabajadores”.

 

También destaca el rol del BPS y sus trabajadores en la creación del MIDES: “Cuando el Mides se formó, fuimos nosotros los trabajadores del BPS en tareas voluntarias, que instrumentamos una parte importante de la creación del Mides. Censamos gente para lo que en ese momento se llamó el Ingreso Ciudadano. La gente del Mides reconocía que la experticia la tenía el BPS. Entonces, ayudamos a crear ese ministerio”.

 

EPyP: Nos contabas algo muy interesante sobre la participación de ATSS en la elaboración de políticas públicas.

MR: Sí, entre 2008 y 2009 participé en un proyecto piloto de “Calidad de Vida” para la prevención de adicciones, impulsado por la ONU. Uruguay firmó un convenio y seleccionó cuatro empresas públicas piloto: UTE, ANTEL, Banco de Seguros del Estado y BPS. Era imprescindible en esos proyectos el involucramiento de los sindicatos, porque obviamente era el sindicato quien estaba en contacto con todos los trabajadores.

 

Inicialmente convocada por ATSS, “a los pocos meses, hubo cambio de directiva en el sindicato y por razones que uno vaya a saber no me confirman en el trabajo desde la ATSS, pero la Administración, los profesionales no querían que dejara de participar por los aportes que estaba haciendo desde el sindicato mismo. Entonces me pusieron del otro lado, o sea me pusieron a participar como parte de la administración y el sindicato nombró a otro compañero”. Aun así, siguió actuando como sindicalista: “en realidad estaba actuando como sindicalista, no estaba actuando como de la administración, pero bueno, me aceptaban”.

 

El proyecto, que incluía una encuesta anónima a todos los trabajadores del BPS y un abordaje integral, logró modificar el Reglamento de Responsabilidad Administrativa. “Se produjeron muchos insumos para el sindicato. A través de ese trabajo se logró cambiar, modificar el Reglamento, porque había artículos que sancionaban fuertemente a los trabajadores que fueran en estado de ebriedad o en estado de consumo, eran pasible de una destitución. Eso se modificó, se cambió totalmente, se incluyó un protocolo de actuación a través del delegado sindical, pasamos de la destitución a ser protegidos, y ser tratados, y acceder a los tratamientos”. Marita destaca el caso de una trabajadora internada nueve meses en rehabilitación pagada por el BPS y el involucramiento personal del director Hugo Odizzio, que se ocupó del seguimiento a su recuperación.

 

Sin embargo, el proyecto decayó por falta de voluntad política y recursos. “Denuncié ahí frente a las veedoras de la ONU, que en realidad habíamos avanzado en los papeles, habíamos avanzado muy poco de todo lo que podíamos avanzar, porque no había voluntad política, no había financiación ni presupuesto. Lo denuncié, lo que me costó que tuviera que renunciar”. Esta denuncia le costó también una pérdida salarial, porque al participar en las reuniones del comité no podía abrir su caja como cajera. “Nunca se me reconoció eso, nunca”. Pero valora el legado: “pudimos rescatar compañeros, pudimos apoyar compañeros para que no fueran destituidos, y a sus familias”.

 

EPyP: Ya en el estribo, Marita, ¿quisieras aportar un mensaje último por estos primeros cuarenta años de historia de ATSS?

MR: Sí, y agradezco la pregunta. Lo que quiero mencionar muy especialmente y con mucho orgullo es que yo también cumplo cuarenta años de militancia en el sindicato, siempre estuve vinculada al sindicato, dos veces integrando el Consejo Directivo Nacional y todo el resto del tiempo como delegada de base. Durante muchos años las asambleas se llevaron adelante los sábados y yo venía con mis hijos, que jugaban a la pelota, gritaban, se peleaban como buenos gurises, dibujaban y, por supuesto, a veces con sus ruidos molestaban en la asamblea. En todos estos años, en los que he tenido innumerables discusiones y peleas con compañeros, del sindicato, porque soy muy peleadora y lo reconozco, nunca fui acosada, nunca me vi discriminada o acosada por temas de género por mis compañeros varones… Yo no conozco en estos cuarenta años que se haya planteado a nivel sindical acoso de los compañeros sindicalizados a las compañeras. Eso lo tengo que destacar porque en el mundo que vivimos hay que reivindicar a nuestros compañeros varones, que además siempre estuvieron codo con codo con los temas de la mujer, siempre nos acompañaron. En estos cuarenta años yo siempre me sentí involucrada sin distinción de género. Y respetada.

 

Concluye reivindicando la trayectoria del sindicato: “Es muy importante que transmitamos a nuestros actuales compañeros que esta historia continuada de lucha a favor de la gente ha encontrado siempre a ATSS en la primera fila. Son muchos años en los que nunca jamás bajamos los brazos y que siempre tuvimos la íntima convicción, como trabajadores y como ciudadanos, de que debíamos luchar, y la responsabilidad, como trabajadores de la Seguridad Social de liberar a todos los trabajadores y a la población uruguaya del sistema financiero metido en la Seguridad Social”.