Compartimos artículos publicados en Mate Amargo y en Caras y Caretas, sobre nuestro compañero asesinado Pedro Ricardo Lerena Martínez:
Con el procesamiento del terrorista de Estado Jorge “Pajarito” Silveira, luego de años de batallas judiciales dentro y fuera del país, parte de esa necesidad humana de la justicia parece quedar colmada.
Sin embargo la historia y vida de Pedro, “el caudillo”, “tacho”, “Lindoro”, entre los sobrenombres como apodos y nombres de guerra, sigue viva en la memoria de quienes aún realizan homenajes a su legado de compromiso con la causa de los más desposeídos.
El expediente judicial que se archivará el día que sus asesinos cumplan su condena, registra la saña con que en 1975 lo mataron para luego hacer parecer que fue un suicidio, y algún historiador desatento, podrá llegar a la conclusión que Pedro fue víctima de la maldad y el odio.
Y si bien el odio fue la expresión del trato hacia los detenidos, a Pedro, como a tantos otros, no lo asesinaron por odio, lo asesinaron por revolucionario.
Diría Fernández Huidobro que a este guerrillero que parecía “resurgir de las guerrillas saravistas de 1904”, a este rubio del departamento de Treinta y Tres, las clases dominantes uruguayas no le podían perdonar ser ejemplo de presentes y futuras ya no rebeldías, sino portador de un mensaje de la necesidad de una trasformación profunda de la sociedad.
Algunos sostienen que peleaban en defensa de la democracia, pues cualquier democracia es preferible a una dictadura cívica militar.
«Pero tampoco ofrendaron su vida por aquella democracia autoritaria, no solo en lo político, sino autoritaria, una suerte de dictablanda que no generaba condiciones de vida digna para las enormes mayorías del pueblo uruguayo.
«Pedro Lerena tuvo una niñez campestre y de aventuras, cercana a la naturaleza. Desde que era un niño le encantaban los animales. Montaba un petizo y tenía un cuervo de nombre Lindoro de pelusa blanca, que iba con él hasta a los partidos de fútbol. Ese cuervo quedó marcado en su vida al punto que uno de los seudónimos que luego usó Pedro fue justamente Lindoro, el nombre de aquella ave que lo acompañó en su infancia.
Si bien de niño era bastante extrovertido, en su juventud empezó a ser medio taciturno, escuchaba mucho a los demás y con atención, hablaba poco y cuándo lo hacía, sus palabras eran fundadas y las transmitía con seguridad.
Según recuerdan todos los que lo conocieron en el barrio, en el trabajo, en el estudio, en la militancia, en la familia, era un hombre muy discreto y generoso, que nunca pedía nada para sí y se daba por entero a los demás.
«Me han pedido que escriba algunas palabras para recordar a un compañero que, sin dudas, podría definir como “uno de los imprescindibles”.
Si bien guardo un recuerdo entrañable, vivido y permanente ¿qué puedo decir del Tacho Lerena a aquellos que no lo conocieron? Tal vez hacerles saber que cumplió casi como ninguno en hacer realidad viviente la máxima expresada por el Che de que ha que endurecerse pero sin perder jamás la ternura”.
Era una de las condiciones más salientes de Pedro Ricardo Lerena Martínez, una capacidad de ternura infinita que no menguaba en nada la firmeza de sus convicciones y rectitud de su proceder. Ternura ésta, que nos hacía sentir desde el apretón franco de manos hasta su sonrisa buena y casi tímida. Desde la forma de expresarse aún en la discrepancia hasta el discreto silencio autoimpuesto para evitar comprometer al otro en tiempos que eran muy difíciles.
Lo vi por última vez en La Paloma allá por el verano de 1972, compartimos el mate, la pesca a la encandilada y por supuesto la charla. La cosa venía quemando. Él sabía de mi militancia en el FA y mi convencimiento de que la lucha debía ser política. Respetó mi convicción pero además, en ningún momento, dijo cosas que pudieran ponerme en situación difícil cuando llegara el momento de la arriada, cosa que los dos sabíamos que iba a suceder. No me salvé del cuartel y la tortura. Él ya estaba requerido. Pero gracias a su discreción, a su capacidad de pensar en los otros, pude mantener siempre las mismas respuestas. A Ricardo Lerena lo conozco por su apodo de Tacho, fuimos compañeros de trabajo en Montevideo y tenemos amistad. Siempre las mismas respuestas que se hicieron creíbles porque eran la verdad. Detrás de mi propia actitud estaba el Tacho sosteniéndome con su ejemplo y su proceder: cuidar a los compañeros no diciéndoles cosas que no fuera estrictamente necesarias y cuyo conocimiento pudiera causarles problemas.
Tenía además una enorme capacidad para expresar sus ideas. Con cuatro palabras sencillas, sin elucubraciones teóricas inentendibles, podía hacernos comprender lo que estaba sosteniendo. Así sus pinturas de la realidad de los más desposeídos e infelices nos resultaba algo vivo, palpable.
Por ellos luchó y por luchar fue asesinado como tantos otros. Pero como tantos otros también integra la legión de los muertos vivos, presentes, militantes. Se equivocaron. Cuánto se equivocaron, los que creyeron que lo mataban. Torpes, no fueron capaces de entender que, en realidad, lo estaban sembrando.
Ha pasado mucho tiempo. Soplan otros vientos. Tal vez no tan fuertes como soñamos y deseamos. Pero soplan. Y en ese soplar, en ese construir, en esa ternura que nos sigue haciendo sentir como una herida lacerante la marginación de nuestros hermanos está presente el tacho Lerena, compañero que fue militante hasta el último hueso sano, hasta el último aliento.
Hoy está aquí, nos dice presente, nos impulsa y nos sostiene, como antes, desde su silencio, nos cuida.
¿Qué más decir? Solamente gracias Tacho por tu vida profunda, corta y ejemplar entregada en la lucha por la liberación de tu pueblo.
Hasta siempre compañero
(carta de Victor Fonseca, compañero del BPS donde trabajaba Pedro Lerena, en el 30 aniversario de su muerte.
El tupamaro
¿Qué era ser tupamaro en aquel Uruguay de los años sesenta?
¿Qué significó apostar por la vía armada en un país macro cefálico y con un centro urbano de funcionamiento de su sistema político y económico, en contra incluso de las advertencias del Che?
¿Por qué Pedro, un casi paisano del interior del país para los ojos de los montevideanos, se involucró junto a otros en un recorrido que parecía tener los caminos cerrados?
La izquierda uruguaya, sus partidos tradicionales, el comunista y el socialista, los troscos, los anarcos, los nuevos agrupamientos nacidos en torno a la polémica chino-soviética, acumulaban en el marco de horizontes, que apenas si daban respuesta a la coyuntura de un Uruguay que estaba rápidamente dejando para las clases medias (la del auto propio y la casa en el balneario), la Suiza de América.
Esa que nunca había sido para los trabajadores rurales y los pobres de las orillas de Montevideo, o para los que vivían hacinados en conventillos o en los barrios proletarios.
La clase obrera industrial se robustecía e iba ganando en unidad, pero es bueno recordar que cuando nace el Congreso del Pueblo, esta nueva izquierda que se autodefinirá con nombre indígena, ya se expresaba en la lucha de los peludos de la caña de azúcar.
Entre ellos, “el caudillo” Lerena.
La opción por la lucha armada no era un nuevo martirologio personal, ni solamente representaba un nuevo método de acumulación política, en el seno de una izquierda que esperaba una uruguaya insurrección del Crucero Aurora.
De las sugerencias que si abrazaron del Che fue su concepto de Hombre Nuevo, y vaya si dicen quienes conocieron a Pedro que cumplía con esas cualidades, que luego el Inge Manera resumiría conceptualmente en los Valores Ideológicos Básicos (VIB).
“A una mujer no se le pega ni con una flor”, espetaba el “Caudillo” en aquél Uruguay y en aquella izquierda donde el coraje se confundía con actitudes de “macho”.
Su actitud contraria a su sobrenombre de “Caudillo”, era portadora de una humildad alejada del dirigentismo y comandantismo que una organización política militar, abona en algunas mentalidades.
Muchos compañeros y compañeras de varias tiendas políticas, agradecen hasta el día de hoy el Silencio con que Pedro enfrentó a sus torturadores, y permitió salvar vidas, y a algunos de hasta una detención.
Otro de los recuerdos imborrables entre los que lo conocieron, era su capacidad para explicar en un lenguaje sencillo su visión política, en el seno también de una izquierda que tenía mucha más boca que oreja.
(*) Ricardo Pose es periodista, integrante de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Colabora con distintos medios de prensa de Uruguay, columnista en Radio Gráfica de Argentina, corresponsal de Mate Amargo en Venezuela, Coordinador de la sección web en teleSUR y autor del blog “El tábano”
Fuentes:
https://www.carasycaretas.com.uy/sociedad/homenaje-la-figura-pedro-lerena-50-anos-su-muerte-como-victima-la-dictadura-civico-militar-n88492
Notas:
- https://www.carasycaretas.com.uy/sociedad/homenaje-la-figura-pedro-lerena-50-anos-su-muerte-como-victima-la-dictadura-civico-militar-n88492