El trabajo como elección, la militancia como compromiso, la seguridad social como derecho humano

Marysol tiene una trayectoria de cuatro décadas como trabajadora del BPS y militante sindical. Desde su ingreso en plena dictadura, cuando un coronel le dijo a los flamantes funcionarios que eran «los menos peores», hasta su jubilación, fue testigo y protagonista de las transformaciones de la seguridad social en el país.
Psicóloga de formación, militante por elección y convicción y feminista convencida, repasa en esta entrevista sus inicios, la lucha por el reconocimiento profesional, la batalla contra las AFAPS, el aprendizaje sindical y el legado que deja a las nuevas generaciones. «El trabajador solo no existe, no es nada», sentencia con compromiso.
LOS COMIENZOS: EL TRABAJO COMO OPCIÓN Y LIBERTAD
Irrumpió en el mundo del trabajo con una particularidad que ella misma destaca como un privilegio: no lo hizo por necesidad. «Por suerte, empecé a trabajar por gusto, por esa cosa de querer tener unos pesos para mí», repasa, reconociendo que su contexto familiar —una madre partera y un padre chofer de ómnibus que luego pasó a la órbita municipal— le brindaron la posibilidad de no tener que aportar económicamente al hogar.
«Yo nunca me planteé no trabajar, por más que estudiaba. Era como lo que me complementaba, además del estudio. Para tener esa libertad, porque no sobraba plata y entonces la forma de tener algo de plata para vos era trabajar», recuerda. Ese primer sueldo tuvo un destino simbólico: «Lo primero que me compré fue una radio con pasacassette. El otro día estaba pensando en eso, alguien habló de qué hiciste con tu primer sueldo, bueno, una radio con pasacassette me compré».
Su ingreso al BPS, que en esos años aún era la Dirección General de la Seguridad Social (DGSS) se produjo en plena dictadura cívico-militar, el 22 de junio de 1981. Fue por concurso, un mecanismo que en esa época, según rememora, «era saber algo de dactilografía y algo de matemáticas. No había que aprenderse ni leyes ni nada, porque eran concursos de administrativos», más sencillos que en el presente. Pero el destino tuvo un guiño particular: «Yo me había anotado en un concurso en otro lado, que por suerte lo perdí. En mi familia no había recelos ni rechazos con lo militar, y entonces también me presenté a un concurso en el Hospital Militar y afortunadamente lo perdí», repite con énfasis, como si aún hoy sintiera alivio por ese desvío del destino.
El ingreso a la DGSS no fue menos particular. Tras el concurso, un coronel llamado Dalmao se dirigió a los seleccionados con una frase que ella no olvida: «Nos dijo que estábamos ahí no por ser los mejores, sino porque éramos los menos peores». Esa declaración, que podría leerse como una afrenta, Marysol la recuerda con una mezcla de ironía y conciencia histórica: era el lenguaje de la dictadura, pero también el umbral de una vida de trabajo que la marcaría para siempre.
LOS PRIMEROS PASOS EN EL SINDICATO EN TIEMPOS DE DICTADURA
Su destino inicial fue la Caja Rural, en el «edificio rojo», como se conocía entonces al edificio nuevo del BPS, donde tomaba declaraciones juradas a patrones rurales y de servicio doméstico y de testigos a empleadas domésticas y peones rurales. Allí comenzó también su vinculación con el sindicato, aunque los recuerdos de ese primer contacto son difusos, como si la memoria hubiera borrado los detalles para preservar lo esencial: «No me acuerdo ni cómo fue que a quién conocí del sindicato, ni tampoco en qué momento me afilié. Sé que al poquito tiempo yo estaba viniendo al sindicato».
La militancia en aquellos años tenía un carácter particular: era clandestina, pero Marysol no la vivía como tal. «Todo era clandestino, pero por eso también las reuniones eran después del horario de trabajo, nunca podías hacer una reunión dentro del local. Las reuniones eran en el sindicato y después del horario. Tal vez yo no lo vivía como algo clandestino, si bien no era algo legal todavía», reflexiona.
Ese sindicato incipiente, que aún no se llamaba ATSS sino Asociación de Empleados de Institutos Jubilatorios y Afines (AEIJA) se reunía en locales prestados, como el de Acción Sindical del Uruguay, hasta que llegó la asamblea constitutiva del 24 de mayo de 1984, un hito fundacional que Marysol vivió con intensidad, aunque reconoce que en ese momento no dimensionaba plenamente lo que estaba construyendo: «Era la primera asamblea constitutiva de la ATSS”.
LA TOMA DE CONCIENCIA: SON MÁS QUE TRÁMITES, SON DERECHOS HUMANOS
En aquellos primeros años, Marysol confiesa que no tenía una dimensión clara de la importancia de la seguridad social. Estudiaba psicología y veía su trabajo como parte del andamiaje administrativo, sin comprender aún su real trascendencia social y política.
«Yo en ese momento no lo había percibido todavía. Para mí era algo que era parte de los trámites de la administración pública, y no le había podido dar la importancia que tiene lo que implica en un país que exista la robustez de la seguridad social», admite. Y agrega un dato que revela las prácticas de la época: «Lamentablemente había mucha corrupción. Había gente que pagaba a los testigos y se construían jubilaciones de gente que en realidad no había trabajado. Era más fácil hacer esas cosas porque era todo el papel».
El respeto por la tarea y la comprensión de su significado le llegaron después, de la mano de la formación sindical. «Cuando empecé a estudiar eso, ahí realmente me empecé a dar cuenta y empecé a relacionarlo con los derechos humanos», señala. Ese proceso de toma de conciencia no fue lineal ni inmediato, sino que se fue gestando a lo largo de los años, alimentado por las charlas, los cursos y el intercambio con compañeros y compañeras que ya tenían una mirada más política sobre el trabajo que realizaban.
LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO PROFESIONAL: PSICÓLOGA EN EL BPS
Uno de los episodios que marcó su trayectoria fue la batalla por el reconocimiento de los psicólogos dentro del BPS. Tras recibirse en 1985, Marysol y un grupo de colegas plantearon al directorio de la institución la necesidad de contar con profesionales de la salud mental en un organismo que gestionaba asignaciones familiares y otras prestaciones que involucraban directamente el bienestar de las personas.
«La directiva de ATSS y algunos compañeros psicólogos fueron a hablar al directorio del BPS, se nos rieron en la cara, nos dijeron que no se necesitaban psicólogos en el BPS», recuerda. El directorio estaba presidido por Norberto Sanguinetti quien desestimó el pedido con desdén. «Dijo que no, que psicólogo no se precisaba», rememora Marysol y el eco de esa negativa todavía resuena en sus palabras.
Sin embargo, el azar quiso que el BPS dependía entonces del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, cuyo ministro era Hugo Fernández Feingold, casado con la presidenta del Consejo del Niño —la institución que precedió al INAU—. «Ella dijo, “no tenemos presupuesto para pagar psicólogos, pero vamos a hacer un pedido en comisión”. Nos llamaron del directorio, nos daban el cargo pero nos pasaban al INAU», explica Marysol, revelando cómo las conexiones personales y las decisiones políticas podían torcer el rumbo de las cosas, para bien o para mal.
Así, en comisión, Marysol trabajó cinco años en el Consejo del Niño, donde vivió momentos memorables como la campaña por el «voto verde», el plebiscito que buscaba derogar la ley de Impunidad, instalando mesas en la vereda frente al sindicato. Pero el temor a perder su lugar en el BPS, había preocupación al respecto, la impulsó a gestionar su regreso. «Empezamos a gestionar, hablar con uno y con otro, y nos permitieron volver al BPS», cuenta.
LA MILITANCIA EN EL ÁREA DE LA SALUD Y LAS RESISTENCIAS INTERNAS
De vuelta en el BPS, Marysol trabajó como psicóloga primero en el Centro 2 de Sayago y luego en el Sanatorio Canzani del BPS, donde se especializó en psicología perinatal. Allí, en la segunda maternidad pública del país, vivió la intensidad del trabajo con embarazadas y puerpéreas, un campo que en esa época no era considerado parte del núcleo duro de la psicología clínica.
«El trabajo que yo hacía, la especialización en embarazadas y puérperas, es algo que tampoco en psicología era un trabajo de psicología típico tradicional», señala. «En esa época, el sanatorio era la segunda maternidad pública, se trabajaba muchísimo. Éramos cinco psicólogas, nadie tenía mucho tiempo libre».
Su reinserción en la militancia sindical no fue sencilla. Había un clima de cierta tensión entre el área de la salud y el sindicato: «Había gente que planteaba que al área no le dan bolilla. Yo me sentía medio como un híbrido porque había entrado como administrativa y lo de estar en el área fue después». Marysol se convirtió en un puente entre ambas realidades, aunque eso implicara a veces sentirse fuera de lugar en ambos mundos.
LA PERSPECTIVA DE GÉNERO: «CUANDO UN HOMBRE SE IMPONE PARECE ESTAR BIEN VISTO»
Marysol es contundente cuando se le pregunta por la dimensión de género en el sindicalismo. Aunque en su juventud no registró ciertas situaciones como agresiones machistas, el tiempo y la militancia en los temas de género le abrieron los ojos, como si hubiera adquirido un nuevo par de anteojos para mirar la realidad.
«Yo venía todos los días después de la oficina a las reuniones. Una vez me hicieron un comentario que en ese momento no lo registré como una agresión de género, me molestó, pero no le vi el contexto que hoy le daría», reflexiona con la perspectiva que dan los años.
Hoy, con la mirada mucho más clara identifica las dinámicas de poder que atraviesan incluso las organizaciones progresistas. «Los hombres levantan la voz y todo el mundo se calla, y nos dejamos gritar los demás. Sin embargo, si una mujer levanta la voz, es la loca, la histérica, y ya aparece alguno que le hace callar se deslegitima porque levanta la voz, porque se impone. Pero cuando un hombre se impone parece estar bien visto».
Y pone el dedo en la llaga en un punto que suele incomodar a las organizaciones sindicales: «Los compañeros piensan que eso otros lo hacen, que en un sindicato no hay eso. Y es una gran mentira que nos decimos. No solo en los sindicatos, en los partidos políticos, en toda la sociedad hay un atravesamiento del género. Hasta en los lugares donde el 80% de las trabajadoras son mujeres, en las directivas los que predominan son los hombres, que son una ínfima cantidad de trabajadores».
Para Marysol, la Comisión de Género no es un apéndice decorativo de la organización sindical, sino un espacio central para visibilizar esas realidades y transformarlas. «El tema género, que está atravesado por la diferencia y por el predominio de un género sobre el otro, está invisibilizado», insiste.
LA LUCHA CONTRA LAS AFAP: UNA BATALLA DE FONDO
Uno de los temas que moviliza especialmente a Marysol es la defensa del sistema de seguridad social frente a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP). Reconoce que, en un principio, no dimensionó el peligro: «Cuando tenía 40 años, veía lejos todo el tema de mi jubilación. Escuchaba los argumentos de Adolfo, refiriéndose a Adolfo Bertoni, histórico dirigente de ATSS y me parecía que era una exageración, que no podía ser tan así».
Pero el tiempo y la formación sindical le permitieron comprender la magnitud del desafío. «Yo lo intuía, pero no lo sabía con números. Aprendí muchísimo acerca de los aportes, la diferencia impresionante de aporte: los trabajadores aportamos el doble de lo que aportan las patronales. Nuestras patronales aportan menos que cualquier otra en Latinoamérica».
Sobre la creación de las AFAP, Marysol no tiene dudas: «Entraron aprovechando la molestia de la gente con la supuesta ineficiencia del BPS como una debilidad del sistema. Con gran habilidad de Saldain y de sus publicistas, y de sus contadores, nos prometieron dos jubilaciones. Eso yo no sé quién se lo podía creer». Y denuncia una práctica que marcó el inicio del sistema de ahorro individual: «A muchos compañeros nos afiliaron de oficio».
Y defiende la postura histórica del sindicato: «La defensa de la equiparación de la jubilación con un salario mínimo, la expulsión del lucro de la seguridad social, yo creo que es fundamental. Me enorgullece que el sindicato siga hablando de ese tema. Yo creo que ahí está el nudo».
LA FORMACIÓN COMO HERRAMIENTA DE LUCHA
Marysol enfatiza el valor de la formación sindical como eje de su militancia. Destaca especialmente las actividades formativas de ATSS, que le permitieron comprender la arquitectura del sistema de protección social: «Aprendí mucho acerca de la seguridad social, sobre la financiación, los tres pilares, en las actividades formativas del sindicato».
«Yo vengo del palo de la psicología, lo legal y lo numérico me cuesta mucho». Por eso valora las explicaciones claras de compañeras como Karina Sosa y Nathalie Barbé. «Sus explicaciones me resultaron muy claras. Allí aprendí muchísimo acerca de todo: de los aportes, la diferencia impresionante de aporte, el piso básico de cómo defender los tres puntos del plebiscito», explica.
Y amplía su reconocimiento: «No solo las escuchaba presencialmente, sino que las escuché muchas veces por grabaciones en YouTube. También con otros actores sindicales. Me parece fundamental la formación de los compañeros y compañeras desde ATSS para conocer el esqueleto, la conformación de las prestaciones sociales, y la gran injusticia que encierra la creación de la AFAP».
Marysol menciona también las exoneraciones de aportes como un tema que conoció a través de la formación sindical: «La gran injusticia de la Caja Militar, las exoneraciones de aporte injustas y obsoletas, desde las de las iglesias hasta algunas de otras organizaciones que no tienen justicia social hoy por hoy, que fueron creadas en un momento del país totalmente diferente y que hoy habría que reverlas».
LA PANDEMIA: EL TRABAJO SILENCIOSO DE LOS FUNCIONARIOS DEL BPS
Marysol no quiere cerrar la entrevista sin reivindicar el papel de los trabajadores del BPS durante la pandemia de COVID-19. «Con una administración que de alguna manera no valoraba el riesgo y puso en peligro a sus funcionarios, hubo que hacer movilizaciones para poder trabajar en condiciones mínimas», recuerda con dureza.
«Todo el mundo estaba aterrado con volver a los lugares de trabajo, y el BPS había conminado a que había que ir a trabajar. El sindicato logró pararse firme», subraya. Y destaca el esfuerzo colectivo: «Los compañeros trabajando desde sus casas y también desde las oficinas fueron los que sacaron adelante las tareas necesarias para atender a la cantidad enorme de personas que iban al seguro de paro. Sin una buena cobertura de la seguridad social, ¿quién llevaba adelante eso? Fueron nuestros compañeros, en un régimen de trabajo muy exigente, con una reducción importante de la cantidad de compañeros y corriendo riesgos para su propia salud».
«Los trabajadores del BPS hicieron un hito en la pandemia. Me parece importante no olvidarnos de eso», insiste. Y agrega una reflexión que revela su permanente identificación con el trabajo: «Yo ya estoy jubilada pero todavía me siento trabajadora de la seguridad social».
UN MENSAJE DE COMPROMISO HACIA LAS NUEVAS GENERACIONES
Cuando le preguntamos qué mensaje dejaría a quienes comienzan en la militancia, Marysol no duda: «La forma de conseguir mejoras y avances, y de que se vea la importancia del trabajo en la sociedad, es la existencia de los sindicatos. El trabajador solo no existe, no es nada».
Y agrega: «El sindicato es un lugar donde te podés amparar para la defensa de todos tus intereses: los intereses laborales, los intereses sociales. Dentro del sindicato, además de las luchas, está la socialización con los compañeros, el ir descubriendo todas las cosas a las cuales tenés derecho y que el resto de la sociedad no le sirve que te enteres».
Marysol insiste en la necesidad de formarse para ser un buen militante: «Para ser directivo hay que saber mucho, hay que saber de leyes, de decretos, de tu trabajo. Es la manera de ayudar a los compañeros». Reconoce que a ella misma le costó asumir ciertos roles por no sentirse suficientemente preparada: «Yo no me sentía capacitada para hacer lo que hacía, para hablar con la gente y tratar de que la gente entienda el valor de la lucha».
“Yo creo que el militante tiene que darse cuenta de que tiene que ser un ejemplo dentro de sus compañeros trabajadores», sentencia.
LA EXPERIENCIA DEL PLEBISCITO: LA MILITANCIA EN LA CALLE COMO APRENDIZAJE
Marysol destaca el aprendizaje que le brindó la militancia en la calle, durante la campaña por el plebiscito de la seguridad social. «Estuve muchas veces en la explanada del BPS juntando firmas. La gente salía caliente del BPS, te explicaban cómo estaban haciendo el trámite y lo que le pasaba. Y vos también te calentabas porque nosotros sabemos cómo se trancan los trámites, todos los problemas que atravesaron los compañeros con la falta de personal, trabajando prácticamente con el 50% del personal».
Esa experiencia directa con la población le permitió comprender la complejidad de la situación: «La gente veía a las AFAP como las salvadoras”. Y reflexiona: «Hay cosas injustas, cosas que hay que mejorar, pero no en el sentido en que las AFAP lo hacen. Al revés, habría que haberlo hecho al revés».
UN BALANCE PERSONAL: EL ORGULLO DE SER MILITANTE
Marysol se define hoy como una trabajadora de la seguridad social aunque ya esté jubilada. Su recorrido —desde el edificio rojo de la Caja Rural hasta el Sanatorio Canzani del BPS, pasando por el INAU y las aulas de formación sindical, demuestran una trayectoria de coherencia y compromiso.
Su aprendizaje más valioso: «La importancia de conversar con todo el mundo, de escuchar con respeto y de formarse». En sus palabras finales, Marysol nos deja un mensaje de esperanza: «El sindicato ha crecido en muchos aspectos, lo veo como un sindicato moderno, atento a una cantidad de cambios sociales y tecnológicos, ávido de mejorar. Veo mucha militancia joven, y eso está buenísimo, es una buena señal». Hoy, jubilada, Marysol sigue integrando la familia de trabajadores de la seguridad social.