Ante una sociedad que a nivel global se resquebraja, se instauran paradigmas de convivencia más violentos, individualistas, nuevas formas de comunicación pareciera ser que las viejas recetas no dan efectos.
Desde hace décadas vemos pasar gobierno tras gobierno prometiendo énfasis en la educación, reformas que transformarán el sistema y mejoras en presupuestos y posibilidades el espejo nos devuelve una realidad cuando menos muy dura.
Un sistema educativo, instituciones, centros, docentes y maestras/os que se encuentran desbordados ante las distintas realidades que se viven y que transitan nuestras y nuestros estudiantes de todos los niveles.
Desde niños y niñas que apenas tienen su única comida completa garantizada en las escuelas, formas de relacionamiento en hogares y barrios en los que la violencia es generalizada y las maneras de sobrevivir en esos contextos les requieren respuestas que no son lo que se consideraría “civilizadas”.
Los centros educativos son la última barrera, recurso y defensa de familias bajo la pobreza para que sus hijos e hijas puedan aspirar a aquel ideal vareliano del que se tiñó la escuela pública durante siglo y pico y que tenía en la gratuidad uno de los principios para democratizar la igualdad de oportunidades de la población y que nadie quedara excluído por motivos económicos.
Quizás aquella visión tan positiva choque con la realidad del sistema económico imperante en el mundo desde aquellos mismos tiempos y que vende la posibilidad de “igualdad de oportunidades” de manera tan sencilla y lineal, además de apartándola del resto de lo que pasa en la sociedad y las familias.
El presente nos marca una serie de obligaciones que década a década la escuela y liceos públicos asumen con respecto a las poblaciones que sirve y que van muchísimo más allá de lo únicamente educativo.
Sin embargo, las formas de organización poco han variado en los años desde la vuelta de la democracia, monedas más o menos, solo una vez en la historia reciente el presupuesto destinado a educación en el Uruguay llegó al 5,1% del PBI y fue en 2018, antes y después jamás cruzó la frontera del 5%. Y en 2026 y 2027 se preveé sea el más bajo de la última década.
Entonces, como afrontar el cambio de realidad
Evidentemente la dotación de mayor presupuesto tiene resultados mejores si es bien aplicado, pero además debe acompañarse de multiplicidad de medidas y planes para todo lo que es el entorno de las y los estudiantes y sus familias. Y sabemos que el gasto social y medidas que fomenten o den calidad de empleo hace mucho que están a la baja y estas últimas tan solo se centran en esperar las mágicas inversiones de capitales privados regalando exoneraciones que paga la población, pero a ese 17% de pobreza que tenemos no llegan cambios estructurales que rompan la lógica en su réplica. Y son estas familias las que conviven principalmente con la problemática de la inseguridad alimenticia, la inseguridad de no saber si tendrán un techo el día de mañana, son las víctimas de trata, de violencia y del narco que crecen sin pausa.
Un núcleo duro de pobreza que se ha institucionalizado con menguadas y pobres ayudas de supervivencia pero nunca con planes reales de erradicación de su condición, pues eso genera gasto público, y bien sabido es que para quienes nos dirigen y han dirigido este país, la prioridad siempre está en otro lado.
Nos remitimos también a un hecho constatable de que la pobreza es una decisión política, que ya hemos tratado en otros artículos.
Entonces, ¿cómo enfrentar esto?
El camino lógico nos diría que recortando presupuestos y sin una transformación verdadera del ecosistema educativo será imposible, y así mismo con los cambios urgentes y posibilidades para nuestras familias más pobres, salud, trabajo, vivienda y educación.
Mientras tanto desfila el sistema político prometiendo el 6 más 1 para la educación y reformas educativas que apenas se quedan en un pobre maquillaje o adaptaciones de currículas que vienen impuestas por los préstamos de organismos internacionales o a requerimiento de inversiones específicas (véase el caso de pasteras desde su instalación) y lo que refiere al mundo del trabajo y sus necesidades (o mejor dicho, la de los patrones).
Del 6 más 1 prometido desde la primera década del siglo XXI se avanzó poquito y nada y en la última década se va en franco retroceso.
En el ínterin estas mismas autoridades y candidatos siguen mencionando la necesidad de proveer mano de obra calificada a todo lo que refiere a tecnología, informática y las tecnologías de la información.
Con el mismo sistema educativo remendado a más no poder, con restricciones presupuestales, sin adecuación edilicia, con una sociedad muchísimo más pobre, desigual y violenta. Una educación pública que cada vez es más familia, más contención (como se puede), en resumen, más de supervivencia que de poder lograr aquella igualdad de oportunidades.
A una formalización e institucionalización de la pobreza bajo las diversas formas de llamarla, como los 25 mil pesistas, las y los hogares de bajos recursos, los “emprendedores”, en buena parte feriantes que buscan la diaria y personas que hacen changas, los cuidacoches, artistas y vendedores en los ómnibus, que incluso tienen su tarjeta de acceso e identificación pero nulas coberturas mínimas de seguridad social, al trabajo en negro, a los hogares monoparentales, y a todas y todos nuestros usuarios habituales en el BPS, para quienes esta realidad de pobreza y exclusión cada vez mayor encuentra una suerte de aceptación oficial, y así cotidianeidad que deja cada vez más lejana la aspiración de verdadera equidad.
Que me muero de hambre en esta esquina
Que no sé de qué sirve haber nacido, me miro las manos rechazadas
Y que no hay trabajo, no hay (*)
Los planes reales para erradicar la pobreza pasan con aumentar $ 500 o miserias similares para que según los indicadores del momento alguno/a deje de ser pobre por 5 minutos. Ningún gobierno ha presentado verdaderos planes a estos efectos.
Y es que el sistema también necesita pobres, y por lo visto, cada vez en mayores cantidades.
Una solución real, o al menos el inicio de un camino a transitar requiere de un pensar ¿Qué clase de sociedad queremos? Y para ello ¿Qué clase de educación que permita llegar hasta allí? Pero lamentablemente las urgencias siempre nos superan y la pregunta real apenas se maneja en ámbitos “intelectuales”, en simposios, etc. que nunca aterrizan en la realidad concreta.
¿No será que tenemos una sociedad fracturada a la que ya no le sirven más curitas?
En una de las múltiples visitas e intercambio entre políticos uruguayos y finlandeses que han tenido en décadas y decenas de misiones viajes para que nuestros representantes criollos descubrieran ¿cuál era el secreto? Del éxito del país europeo en el tema educación Matti Kuorelahti, experto en educación dijo en visita al Uruguay en 2017:
“¿qué queremos de la educación?; ¿qué país queremos? En Finlandia buscamos la igualdad entre las personas; igualdad de oportunidades en educación y educación de alta calidad para todos.” (1)
Entre ambos existen notorias diferencias, y algunas similitudes, entre las diferencias el porcentaje de PBI destinado a la educación, Finlandia destinó en 2023 5,4%, mientras que Uruguay destinó un 4,9, en 2026 se destinará en la “Suiza de América” 4,83% del PBI.
Algunos tips recabados en entrevista con Javier Melgarejo, psicólogo español que estudió el sistema educativo finlandés y que se podría leer antes de gastar en el próximo viajecito oficial que nuestros políticos hagan a Finlandia para intentar desentrañar los misterios de este caso de éxito:
«El éxito finlandés se debe a que encajan tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines…)»
Los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela», agregó.
El experto advirtió que el estímulo de la lectura en el hogar es clave para la educación. «En Finlandia el 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana», advierte.
«Los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños y los ponen en manos de los mejores profesionales del país», informa Melgarejo y por ello, los mejores docentes trabajan en los primeros años de enseñanza.
* Entre los 4 y 5 años menos de la mitad de los niños finlandeses acuden a guarderías y no empiezan el colegio hasta los 7 años. Dos años después, sus puntuaciones son mejores que el resto de los países estudiados por la OCDE.
*Durante los primeros seis años de la primaria los niños tienen en todas o en la mayoría de las asignaturas el mismo maestro, que vela por que ningún alumno quede excluido. Es una manera de fortalecer su estabilidad emocional y su seguridad.
* Hasta 5º no hay calificaciones numéricas. No se busca fomentar la competencia entre alumnos ni las comparaciones.
* La educación gratuita desde preescolar hasta la universidad incluye las clases, el comedor, los libros y hasta el material escolar aunque si alguien lo pierde está obligado a pagárselo.
* La jornada escolar suele comenzar sobre las 8,30-9 de la mañana hasta las 3 de la tarde, con el paréntesis del almuerzo a las 12-12,30 horas. En total, suman 608 horas lectivas en primaria.
* Finlandia dedica del 11 al 12% del presupuesto de Estado a financiar este modelo de educación.” (2)
La vuelta a casa de los viajes oficiales y la dura realidad:
El problema es gigantesco y hace en los conflictos que sostienen las y los compañeros de la educación uno de los síntomas de una sociedad y un sistema político que cada día segrega, expulsa y condena a parte de la población a no poder vivir en condiciones dignas, entre ella a nuestras infancias y clase trabajadora.
La clase política en su inmensa mayoría sigue concibiendo la educación como un aspecto utilitario, de resultados medibles, para nada alejados de la concepción positivista y economicista utilitaria.
Las soluciones deben ser globales, no se puede seguir manejando el presupuesto con la fría e inhumana concepción del economicismo, debemos poner humanidad por delante en esta era de la inteligencia artificial y la posverdad, de lo contrario, el presente y futuro próximo no es muy difícil de aventurar cómo será, así como el tipo de sociedad que tendremos.
Por que de a poco la falta de soluciones y de un gobernar para las mayorías, siempre con políticas a favor del poder económico provocan cada vez más descreimiento y eso para cualquier democracia puede ser una herida de muerte.
¿Qué le diré a mis hijos al regresar?
¿Qué le diré a mi madre, que no da más?
El frío del invierno y el frío del gobierno
Y la esperanza seca de esperar
Chupa tu matecito, el hambre se va
Solo por un ratito, el hambre se va
Y así andamos millones, cansados, no cagones
Y la paciencia se va a terminar (*)
Fuentes:
- https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/7/expertos-explicaron-la-reforma-educativa-en-finlandia-los-cambios-al-curriculo-y-como-unieron-disciplinas-y-competencias/
- http://historico.espectador.com/cultura/250001/la-receta-de-finlandia-para-ser-numero-1-en-educacion
(*) Huayno del desocupado, canción de Arbolito
Escrito por Gonzalo Moreira, Secretario de Prensa y Propaganda ATSS