El «Diálogo Social» a tres meses de comenzado: “que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”

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Se instaló, en julio pasado, el «Diálogo Social». Lo hizo con gran cobertura mediática y con objetivos muy loables en teoría: la construcción de acuerdos nacionales a través del debate plural entre el gobierno, los partidos políticos, los empresarios y las organizaciones sociales en materia de Seguridad Social. Sin embargo, este diálogo parece desarrollarse en el medio de un silencio atronador en los medios masivos de comunicación e incluso, entre actores políticos.

 

El pasado 21/10 fue recibida la delegación del Movimiento Nacional en Defensa de la Seguridad Social, quienes presentaron un documento y realizaron una argumentación en la comisión del diálogo social con los postulados y propuestas que se incluían en el documento de ATSS “la seguridad social en el Uruguay del siglo XXI” y las mismas banderas defendidas por toda la clase trabajadora, el PIT-CNT y organizaciones sociales  del pasado plebiscito.

Pero exceptuando estas voces y algunas pocas más, hay temas que son expresamente eludidos en el “diálogo”, a pesar de que en los conversatorios siguen surgiendo una y otra vez.

 

Las deliberaciones, tanto en los conversatorios y seminarios que se han realizado en Montevideo y el interior rara vez traspasan el hermetismo de las salas de reuniones para convertirse en un debate ciudadano genuino. Dos preguntas que surgen son inevitables: ¿por qué los grandes medios de comunicación de Uruguay, supuestos garantes de la información pública, otorgan una cobertura tan escasa, superficial o directamente nula a este proceso? y, ¿por qué tampoco están en la agenda diaria de las mujeres y hombres que conforman nuestro sistema político?

 

Esta ausencia configura una realidad paralela. Mientras la prensa hegemónica satura sus espacios con la crónica policial y política minuto a minuto –declaraciones, especulaciones, pujas internas–, el contenido sustancial de lo que se discute en nombre de la sociedad brilla por su ausencia.

 

Para escribir esta nota, relevamos en el sector de Noticias, incluido en el portal del Diálogo Social (1) más de quince noticias que daban cuenta de los planteos que en sus instancias se han realizado. Allí se puede ver claramente que desde la sociedad civil surgen cuestionamientos y planteos tantas veces idénticos a los que hacemos desde hace años en el movimiento sindical y social: la enorme insuficiencia de los montos de las jubilaciones, pensiones y las prestaciones sociales asignadas a la niñez y adolescencia, así como también a la discapacidad; las diferencias entre la realidad y los discursos cuando se habla del sistema de Cuidados, la necesidad de eliminar las AFAPS y con ellas, el lucro en la Seguridad Social en Uruguay, las brechas de género y sus consecuencias tan duras para las mujeres, en especial, las más pobre. En fin, una lista larga, esclarecedora, dolorosa por momentos y muy relevante.

 

En el mejor de los casos, se informa que “se reunieron”, pero no se habla de los contenidos, de los planteos concretos de la gente, válidos y, la enorme mayoría de ellos, urgentes. Todos estos planteos son el corazón del tan mentado diálogo, y sin embargo, son sistemáticamente invisibilizados. No encuentran un espacio ni importante ni secundario en los titulares de la prensa escrita, ni en los informativos de la televisión, ni en las radios de mayor audiencia. Este silencio tiene consecuencias. La ciudadanía percibe el «Diálogo Social» como un acto abstracto y lejano. “Otro diálogo más, y van”. Se fomenta así la idea de que «todos hablan, y hablan mucho, pero nada cambia», cuando en realidad lo que ocurre es que a la sociedad no se le permite escuchar las alternativas de cambio que se están discutiendo.

 

Este verdadero apagón informático contrasta de manera cruda con algunas realidades materiales del Uruguay, con diferentes caras de la desigualdad de nuestro país, inmerso en el subcontinente más desigual del planeta. No el más pobre, el más desigual, en el que las distancias entre los hiperricos y los hiperpobres es la más grande.

 

Nos muestra a una clase política que, inmersa en sus largos, prolongados debates, no sufre carencias. Lo queremos decir en voz alta y con responsabilidad: no hay gobernantes ni parlamentarios, nacionales o departamentales, que postulen para algún plan social de emergencia, para alguna ayuda social.

 

Quienes se dedican a la política en forma rentada, quienes tienen en ella su medio de vida, parecen haber olvidado que son en primerísimo lugar, servidores públicos, que están allí, con sus salarios importantes, con sus derechos garantizados, para asegurar que la gente viva dignamente, que pueda alimentarse, educarse, cuidar su salud, trabajar en forma digna y con ingresos que mínimamente garanticen la vida cotidiana.

 

Dialogan y discuten el Presupuesto Nacional en el Parlamento en un plano de abstracción tan enorme, cobrándose un día sí y otro también facturas viejas, lo que muy poco tiene que ver con la urgencia que se vive en los barrios más humildes, en los hogares monoparentales, en las casas precarias y de piso de barro, en las residencias para ancianos o en los hogares donde un jubilado debe elegir entre comer o comprar medicamentos.

 

Mientras “dialogan”, y algunos de ellas y ellos se enfrascan en interminables, inútiles y mucha veces muy agresivos debates en redes sociales, la gente, mucha gente malvive y espera. Espera en las colas de ollas populares como la que aún funciona en ATSS y en tantos barrios de Montevideo, espera en las salas de espera de los hospitales públicos, espera una respuesta a su solicitud de vivienda, espera que su jubilación o pensión le alcance para llegar a fin de mes.

 

La espera no es sencilla; es una espera cargada de angustia y de desgaste. Cada día que pasa sin que las propuestas de la sociedad civil se traduzcan en respuestas y soluciones tangibles y sin que la prensa las visibilice, es un día más de postergación. Se construye así un círculo vicioso perfecto: el diálogo no llega a la gente porque los medios no lo muestran, y la gente no puede exigir los frutos de ese diálogo porque desconoce su contenido.

 

Las mujeres y hombres que viven de la política siguen en su ritmo pausado, la gran prensa en su cobertura selectiva, y los más pobres –niños, madres, jubilados, ancianos, discapacitados– continúan en la antesala de la historia, condenados a la eterna espera de un mañana mejor que, en los hechos, siempre parece postergarse. Ha vuelto, incluso, el paradigma de “primero tiene que crecer la torta, y luego distribuir”.

 

El verdadero «diálogo» se ahoga en el silencio, mientras las necesidades y las angustias de nuestra ciudadanía emergen, dolorosa, duramente, sin micrófonos que las amplifiquen. Forman parte, con suerte de la crónica policial, de la “crónica roja”, que llena horas de informativos. Como si fueran hechos fortuitos, “cosas que pasan”, a cual peor, cada día. Nuestra dirigencia política no parece comprender que no son hechos aislados: nuestra sociedad está rota. Es tiempo de comprender algo muy básico: la democracia se consolida, se cuida, crece, cuando los tiempos de la política y los políticos son los mismos tiempos que los de la gente. Cuando, por fin, se combaten privilegios, con hechos y no con lindas palabras o fotitos en redes sociales.

(1) En https://dialogosocial.uy/noticias se puede acceder a un detalle muy contundente de estos planteos, que ciudad por ciudad, la gente sencilla, las organizaciones sociales van planteando. Es impactante comprobar la sintonía que tienen muchas veces con los planteos que hacemos desde ATSS y el PIT-CNT.