MES DE LA DIVERSIDAD: UNA AGENDA QUE ES NUESTRA Setiembre diverso: reparar el presente para construir futuro

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Setiembre volvió a teñirse de colores en muchos rincones de nuestro país, aunque, por cierto, aún no en todos: hay que seguir avanzando y consolidando derechos y conciencias. En edificios públicos de Montevideo y el interior empiezan a aparecer las primeras banderas, las primeras iluminaciones alusivas, se cuelgan los primeros carteles, y en las redes personales y de decenas de colectivos, organizaciones sociales y reparticiones del Estado se multiplican las convocatorias. Edificios emblemáticos como el Palacio Legislativo, el Palacio de la Luz y otros se suman al clima del mes: los colores del arcoíris, un gesto simbólico que se describe como una forma de «ratificar el pleno ejercicio de los derechos, la igualdad y la no discriminación».

 

Es el Mes de la Diversidad. En Uruguay se ha instalado en la agenda pública y este año llega bajo una consigna muy clara y convocante: «Reparar el presente es construir futuro. Más Comunidad, Más Democracia».

 

Vale la pena detenerse un momento en esa frase, porque no es solo un eslogan de campaña. Es, en el fondo, una forma de decir que la diversidad no es un tema de un mes, ni una efeméride para pintar de colores una fachada institucional, sino una deuda concreta, con nombre y apellido, que el Estado uruguayo todavía tiene pendiente con miles de personas trans, travestis, lesbianas, gays, bisexuales y no binaries que durante décadas fueron expulsadas del sistema educativo, del mercado laboral formal, de la salud pública y, en los casos más extremos, de la vida misma.

 

UN MES QUE ES HISTORIA, PERO TAMBIÉN ES PRESENTE

Uruguay suele mostrarse, con razón, como un país de vanguardia en materia de derechos: la homosexualidad dejó de ser delito en 1934, el matrimonio igualitario es ley desde 2013, y en 2018 se aprobó la Ley 19.684, la Ley Integral para Personas Trans, que estableció cupos laborales, becas de estudio y, algo que suele quedar menos visibilizado, un régimen reparatorio para quienes sufrieron persecución estatal durante la dictadura y también durante buena parte de la democracia.

 

Sin embargo, esos avances legislativos conviven con una realidad cotidiana que todavía duele y lastima. Estudios oficiales sobre convivencia en centros educativos han mostrado que más del 30% del estudiantado LGBT+ declara sentirse incómodo o inseguro en espacios tan comunes como una clase de educación física. Y en el plano laboral, la brecha es todavía mayor: buena parte de la población trans uruguaya nunca accedió a un empleo formal, y llega a la adultez y a la vejez sin aportes, sin historia laboral y, muchas veces, sin jubilación. Son esas brechas, y no solo el recuerdo de una historia de exclusión ya superada, las que la consigna de este año busca poner sobre la mesa.

 

Ese último punto es, justamente, el que desde el Ministerio de Desarrollo Social se ha elegido poner en el centro de la campaña de este año. «Reparar no significa mirar hacia atrás», señalan. «Significa reconocer que hay una deuda histórica todavía sin saldar y asumir que saldarla es la condición para poder construir algo distinto hacia adelante», agregan. La Comisión Especial Reparatoria, que funciona en la órbita del propio MIDES, tiene hoy la tarea de tramitar los expedientes pendientes para que esa pensión reparatoria, prevista por ley, deje de ser una promesa en el papel y se convierta en un ingreso real para personas que, en muchos casos, llegan a la vejez sin haber podido acceder nunca a un empleo formal ni a una jubilación digna.

 

¿CÓMO SE ORGANIZA ESTE SETIEMBRE?

La agenda institucional de este año es, otra vez, extensa. El lanzamiento oficial del Mes de la Diversidad se realizó el 11 de setiembre en el Centro Cultural Florencio Sánchez de Montevideo, y desde entonces se han realizado actividades en San Carlos, Salto, Rivera, se prevé realizar en otros departamentos e incluso se realizará un conversatorio interinstitucional sobre autonomía económica y trabajo, junto al Inefop y el Ministerio de Trabajo, en el marco de la Expo Prado 2026, recientemente inaugurada.

 

Como cada año, la Marcha por la Diversidad en Montevideo, el 25 de setiembre, que partirá desde la Plaza Libertad hacia la Plaza 1ro de Mayo será el cierre de este ciclo de actividades, movilizaciones y sensibilizaciones. Se trata de una de las movilizaciones más numerosas del país, comparable en convocatoria a la Marcha del 8M e inclusive a la Marcha del Silencio de cada 20 de mayo, y que en ediciones recientes ha sido calificada como una de las más grandes de toda Sudamérica. Año a año conviven en ella las banderas del orgullo con las consignas contra el racismo, con reclamos de género y con demandas sociales más amplias, en una muestra de que la lucha por la diversidad sexual nunca estuvo separada de las otras luchas por la igualdad.

 

Montevideo no es la única ciudad en la que se llevará adelante una marcha: Las Piedras, Fray Bentos, Trinidad, Migues, Dolores, Paysandú, Río Branco, Salto y Rivera tienen previstas sus propias movilizaciones a lo largo de setiembre, a las que se sumarán Minas, Durazno, Colonia, Rocha, Florida y Tacuarembó, en una agenda que se extiende prácticamente hasta fin de año.

 

Reparar el presente, implica fortalecer la comunidad y ampliar la democracia. «Más Comunidad», apunta a algo que los colectivos vienen reclamando desde hace tiempo: que las políticas de diversidad no se diseñen “para” la comunidad LGBTIQ+, sino “con” ella, «Más Democracia», incorpora un elemento que muchas veces se invisibiliza: la salud mental como dimensión prioritaria en el abordaje de la diversidad sexual.

 

LA MIRADA DESDE NUESTRO LUGAR DE MILITANTES SOCIALES

Y es en ese punto donde desde nuestra ATSS nos queremos parar. Nosotros no somos observadores externos de esta agenda: somos, en buena medida, quienes sostenemos con nuestra prédica cotidiana el avance en materia de derechos que debe garantizar su acceso a la población LGBTIQ+, derechos que siguen sin estar del todo garantizados. Por eso queremos sumar nuestra voz al reclamo de todo el abanico de organizaciones sociales que promueven los derechos de la diversidad.

 

Sabemos, como ellas, que la discriminación no desaparece ni desapareció con la aprobación de leyes. Se transformó, se hizo más sutil, pero sigue estando ahí: en la demora para acceder a una hormonización, en el trato inadecuado hacia una persona trans que llega a una consulta, en el compañero o compañera de trabajo que todavía no puede nombrar en voz alta a su pareja sin sentir incomodidad, en la salud mental que se resiente cuando toda una vida transcurrió bajo el peso del estigma.

 

Como trabajadoras y trabajadores de la seguridad social tenemos una responsabilidad especial a la hora de exigir que las leyes que ya existen se cumplan de verdad, que las pensiones reparatorias se efectivicen, que lleguen en los tiempos necesarios a quienes tienen derechos por ley, que los cupos laborales trans se cumplan también en los organismos donde nosotros trabajamos, que la salud mental de la comunidad LGBTIQ+ sea una prioridad presupuestal y no solo una línea en un documento de campaña electoral. Por otro lado, la responsabilidad de mirar hacia adentro: de que nuestro propio sindicato, nuestros propios lugares de trabajo, sean espacios seguros para cada compañera y compañero, sin importar su orientación sexual o su identidad de género.

 

Reparar el presente, como dice la consigna de este año, no es una tarea que le corresponda únicamente al Estado. Es una tarea colectiva, y las organizaciones sociales y sindicales tenemos un lugar insustituible en esa construcción. Cuando defendemos condiciones de trabajo dignas, cuando exigimos presupuesto para la salud pública, cuando peleamos contra la precarización laboral, también estamos peleando, aunque no siempre lo digamos con esas palabras, por una sociedad donde la diversidad no sea motivo de exclusión sino parte constitutiva de quiénes somos como colectivo de trabajadores y trabajadoras.

 

Este setiembre, entonces, desde ATSS acompañamos la agenda de la diversidad como mucho más que un gesto simbólico y “políticamente correcto”, sino como parte de nuestra propia lucha por derechos. Invitamos a las compañeras y compañeros a sumarse a las actividades que se desarrollan en todo el país, a participar de la Marcha del 25 de setiembre en Montevideo o de las marchas departamentales, y sobre todo, a sostener durante los otros once meses del año el compromiso que estos días de setiembre ponen sobre la mesa. Porque, como bien lo resume la consigna de este 2026, reparar el presente es, ante todo, la forma más concreta de empezar a construir futuro.

Fotos: PIT-CNT